Cuando se trata de gestionar residuos sólidos y materiales, lo primero que debes hacer es plantearte el objetivo de generar un mínimo de residuos y enfocarte en el aprovechamiento de los mismos como co-productos tanto como sea posible.

Si aún existen desechos, sustancias, materiales u objetos que debes o quieres eliminar considera estos 3 conceptos fundamentales a continuación.

P – Peligrosidad

La gestión adecuada de los residuos sólidos de una industria o servicio depende de su peligrosidad. Por esta razón es el primer concepto clave para diseñar un buen plan que permita gestionar estos residuos adecuadamente.

La peligrosidad es la característica intrínseca de una u otra sustancia por la cual puede ocasionar daños a la salud humana y el ambiente.

Estas características son por ejemplo:

  • Inflamabilidad
  • Corrosividad
  • Reactividad
  • Carcinogenicidad
  • Mutagenicidad
  • Toxicidad

Entre otras y se miden o evalúan de diferentes formas.

El concepto de característica intrínseca implica que la peligrosidad no depende de la cantidad o forma de manejo de la sustancia, es una característica ya dada.

A modo de ejemplo, el tolueno o el cianuro son sustancias peligrosas por sí mismas. A veces hay especies de un compuesto que son peligrosas y otras que no lo son. Este es el caso de los metales pesados. Los mismos son considerados no peligrososen su estado metálico aunque sí en sus formas iónicas. (Pensar en el plomo metálico de una plomada y en el plomo en forma de alguna sal contaminando un suelo y liberando iones Pb+2).

E – Exposición

Hemos hablado de “sustancias peligrosas” que no es lo mismo que “residuos peligrosos”.

Las sustancias peligrosas son las que, cuando se hallan en determinada proporción, le confieren peligrosidad a los residuos que las contienen o a los productos de su tratamiento (por ejemplo: Incineración). Este es el concepto clave para la clasificación en residuos en peligrosos o no peligrosos.

Pero, ¿qué determina estas proporciones?

El  ciclo de gestión de un residuo presenta diferentes momentos:

  1. Identificación
  2. Clasificación
  3. Almacenamiento
  4. Acondicionamiento
  5. Transporte
  6. Tratamiento
  7. y Disposición Final

En cada una de las 7 etapas, las personas y/o el ambiente estarán en contacto por un tiempo dado a cierta cantidad (dosis)de las sustancias peligrosas contenidas en el residuo o los productos de su tratamiento. A esto se le denomina exposición y varía con el tipo de residuo siendo diferente para distintas formas de gestión.

Por tal razón, existen criterios permanentes de clasificación asociados a la protección de la salud humana durante el manejo general del residuo como: porcentaje de sustancias toxicas, inflamabilidad  y otros a considerar dependiendo del tratamiento del residuo o disposición final (por ejemplo, concentración lixiviación de metales pesados si el residuo va a un relleno, concentración total de compuestos precursores de emisiones atmosféricas contaminantes como Cl2 o metales pesados si el residuo se incinera).

En la sección Marco Legal de nuestra Web (http://www.ecotech.com.uy/marco-legal/ ) hallarás en las tablas 6, 7 y 8 valores máximos admitidos por DINAMA  para la disposición final, la incineración o el uso como mejorador de suelos de los residuos.

R – Riesgo

Finalmente, un buen plan debe procurar establecer  las pautas de gestión de las distintas categorías de residuos para que se minimicen los riesgos asociados al manejo de los mismos en todas las etapas del proceso.

El concepto de riesgo engloba todo lo que hemos hablado anteriormente y podemos visualizarlo de esta forma:

 

Estos conceptos creemos son importantes más allá de tablas o decretos para no perder el sentido de la función preventivaen relación a la salud y el ambiente del cual nos responsabilizamos al encarar un Plan de Gestión de Residuos Sólidos.

 

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GUALBERTO TRELLES. Director y fundador de Laboratorio Ambiental Ecotech Ing. Químico, Master of Science en Suelos Contaminados UDELAR. Vicepresidente de Asociación de Ingenieros Químicos

La limpieza estará segura durante 'Festival Deportivo de Mujer'

Luis Santamaría habla de la colaboración que darán las entidades de reciclaje al Festival Deportivo de Mujer.

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Celebramos el inicio del MANEJO AMBIENTAL DE LOS DESECHOS SÓLIDOS en el FESTIVAL DEPORTIVO DE MUJER con el apoyo de colaboradores liderado por TETRAPAK.

Ecologia

“Un pequeño arañazo o mancha en la piel de una manzana, por ejemplo, es razón suficiente para que el supermercado no la quiera comprar, por lo que los agricultores se deshacen de ella”

Cerca del 30 % de la fruta y hortalizas que se producen en Europa termina en la basura por ser “fea”, a pesar de ser de buena calidad y óptima para el consumo, indica Soares en una entrevista con Efe

Fea por fuera hermosa por dentro, Lisboa, el desperdicio de frutas y el ambiente

Lisboa (EFE).- Los agricultores portugueses tiran cada año toneladas de fruta a la basura por razones meramente estéticas, una práctica que combate una cooperativa llamada “Fruta Feia” (Fruta Fea) creada por un grupo de jóvenes en Lisboa.

“Un pequeño arañazo o mancha en la piel de una manzana, por ejemplo, es razón suficiente para que el supermercado no la quiera comprar, por lo que los agricultores se deshacen de ella”, explica Isabel Soares, creadora de “Fruta Feia”.

Cerca del 30 % de la fruta y hortalizas que se producen en Europa termina en la basura por ser “fea”, a pesar de ser de buena calidad y óptima para el consumo, indica Soares en una entrevista con Efe.

En este sentido, “Fruta Feia” ha conseguido que en sólo ocho semanas cientos de lisboetas consuman unas 7 toneladas de naranjas, boniatos, lechugas y puerros “feos” que, de otro modo, habrían acabado en el vertedero.

“Queremos que no se despilfarre comida, que las personas puedan comprar fruta a un precio más asequible y que los agricultores puedan vender una parte de su producción que hasta ahora solo les generaba pérdidas”, explica Soares, de 31 años e ingeniera de Medioambiente.

Ahora mismo la cooperativa reparte unos 500 kilos de frutas y hortalizas a sus 150 socios, entre los que hay personas de distintos perfiles sociales como gente mayor, jóvenes, solteros o desempleados que luego la distribuyen entre familiares y amigos.

“Tenemos sólo 150 socios pero en realidad llegamos a muchas más personas”, aclara la joven portuguesa.

Todos los lunes por la mañana, Soares y dos compañeros conducen una vieja furgoneta amarilla y recorren las afueras de Lisboa para comprar la fruta y hortalizas que los agricultores no han podido vender a los supermercados.

“Acordamos una cantidad que ambos consideramos justo por debajo del valor de mercado y luego la vendemos a nuestros socios a un precio reducido”, explica.

Sobre las dos de la tarde llegan a un centro cultural en el céntrico barrio lisboeta de Intendente para dar paso a la siguiente fase del proyecto: descargar los alimentos y distribuirlos en cestas, actividad para la que cuentan con la ayuda de voluntarios.

Una de las voluntarias es Silvia Aguilar, una madrileña estudiante de Erasmus en Lisboa que acude a este centro porque le parece una iniciativa “muy bonita” y asegura que le gustaría que existiera algo así en España.

Silvia y otros cuatro voluntarios separan las frutas y hortalizas en dos tipos de cesta: una de 4 kilos (que cuesta 3,5 euros), pensada para parejas, y otra de 8 kilos (con un precio de 7 euros) que está destinada a familias.

A partir de las cinco es cuando comienzan a llegar los primeros socios a recogerlas.

“Yo no como la fruta porque sea bonita o sea fea, sino porque está buena y ésta es muy fresca porque está recién traída de los productores”, comenta Joao, un socio de la cooperativa que acude por cuarta vez.

“Le he dado fruta fea a probar a mis amigos y les encanta”, dice Teresa Guerreiro, una portuguesa de 56 años que acude acompañada de su marido.

Los alimentos que traen cambian cada semana, ya que depende de la temporada de cultivo y de lo que hayan producido los agricultores.

“Es un proyecto muy divertido porque no sé qué voy a comer esta semana hasta que vengo aquí”, declara Patricia Campo, una española que reside en Lisboa desde hace tres años.

Para poner en marcha el proyecto, Soares ganó en 2013 un premio de la Fundación Gulbenkian, dotado con 15.000 euros y realizó además una campaña de “crowdfunding” (financiación colectiva) con la que consiguió otros 5.000 euros.

Con ese dinero, más la cuota que cobran a los socios, “Fruta Feia” cubre los gastos de producción, es decir, gasolina, infraestructura, comprar la fruta y el sueldo de Soares.

Uno de los objetivos más importantes de la cooperativa es cambiar la mentalidad de los consumidores, puesto que sólo así conseguirán que las grandes superficies levanten el veto a los alimentos “feos”.

El siguiente paso es abrir otro punto de entrega en marzo en Lisboa para poder aumentar su capacidad de distribución, limitada ahora en 150 personas, y poder proveer alimentos a las 320 personas que están en lista de espera para ser socios de la cooperativa.

“Aspiramos a crear una red por todo Portugal con el fin de que deje de existir fruta fea o bonita y se empiece a juzgar el producto por su calidad en vez de por su aspecto”, sentencia Soares. EFE

COOPERATIVA DE RECICLAJE SE CONVIERTE EN LA EDITORIAL MAS COLORIDA DEL MUNDO


 

Miriam Merlo, de 26 años, se dedicaba hace algunos años al reciclaje de basura, pero siguió un camino distinto. En 2006, mientras tiraba de su carro por las calles del populoso barrio de La Boca, se encontró con una particular editorial sin fines de lucro, fundada en 2003 por el escritor Washington Cucurto y el artista Javier Barilaro.

Detrás de los ventanales decorados de la oficina de ‘Eloisa Cartonera’, la ‘editorial más colorida del mundo’, hay pilas de papeles, numerosas cajas de cartón tiradas, litros de pegamento y tinta. En la calle Brandsen al 647, los ex cartoneros se juntan con los artistas y escritores, y juntos imprimen sus obras con lo que ha sido tirado a la basura el día anterior.

Teniendo como base el papel recuperado, esta cooperativa se dedica a imprimir de manera artesanal obras de autores latinoamericanos que luego se venden en las grandes librerías de la ciudad. Un ejemplar cuesta alrededor de 4 dólares, mientras que libros similares de otras editoriales cuestan unos 20 o 30.

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/16815-El-tesoro-callejero-ayuda-a-cartoneros-a-sobrevivir

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2013 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 8.100 veces en 2013. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 7 viajes transportar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

EL OTRO CAMINO DE LOS DESECHOS ORGÁNICOS URBANOS.

Los residuos orgánicos pueden ser transformados en un recurso de alto valor para la producción agrícola y la restauración de ecosistemas degradados. Su valor como enmienda contribuye a mantener y recuperar la materia orgánica del suelo y por lo tanto, la estructura, dinámica del agua, actividad biológica, provisión de nutrientes y control de la erosión. La valorización agrícola de residuos orgánicos también contribuye a disminuir el costo de construcción y mantenimiento de vertederos y a disminuir gases de efecto invernadero y contaminación con lixiviados. Sin embargo, tienen que ser utilizados de acuerdo a las necesidades de los cultivos o de restauración de ambientes degradados, teniendo en cuenta criterios precautorios que eviten la contaminación de suelos y aguas. Uno de los tratamientos de residuos orgánicos más recomendado es el compostaje, ya que asegura la reducción de patógenos y semillas de malezas y la estabilización de la materia orgánica. Para certificar un compostaje efectivo son necesarios controles de proceso y de calidad, existiendo varios indicadores de fácil determinación en laboratorios de rutina. El aprovechamiento de residuos orgánicos de cualquier origen requiere un marco legal que facilite su valorización y desaliente el uso sin controles. La falta de normas y las exigencias excesivas son igual de perjudiciales. 

 

I. ORIGEN DE LOS RESIDUOS ORGÁNICOS
La generación de residuos ha aumentado exponencialmente con el desarrollo de la humanidad. La vida media del ser humano que era de alrededor de 20 años durante el neolítico aumentó a aprox. 70 años en la actualidad y el número de habitantes de aprox. 10 millones a 6.000 millones.  Este consumo está conduciendo, por un lado, al agotamiento de los recursos naturales y por otro, a un aumento incontrolado en la generación de residuos. Su manejo implica un alto costo económico en los países desarrollados, y un alto costo sanitario y ambiental en los países en desarrollo, debido a tratamientos inadecuados que conducen a la contaminación de acuíferos y suelos, a la atracción de vectores y transmisión de enfermedades, a la contaminación del aire por combustión espontánea de basurales y a la generación de gases de efecto invernadero.

Aún en los países donde existe un manejo controlado de vertederos, como los países europeos, se considera que el costo ambiental es muy alto ya que el 30% del metano1 que generan proviene de la descomposición anaeróbica de residuos orgánicos en vertederos, lo que ha llevado a regular la cantidad aceptada en los mismos. Así, por ejemplo, Alemania prohíbe disponer en vertederos residuos que contengan más de 5% de materia orgánica (Gies, 1997). Por otro lado, la incineración de residuos en países desarrollados con disponibilidad de terreno limitado, es una práctica decreciente debido a la desconfianza de la población en la efectividad del tratamiento de los gases generados y el alto costo de mantenimiento (USEPA, 1999a). Los residuos orgánicos representan una alta proporción de los residuos generados por los seres humanos y han sido utilizados por la humanidad desde hace milenios, especialmente los de origen agrícola, ganadero y forestal, que han sido considerados tradicionalmente un recurso y aprovechados generalmente en el mismo lugar de producción. Sin embargo, en los medios urbanos han sido tratados siempre como un problema y desde los primeros asentamientos se trató de eliminarlos sacándolos fuera de las murallas; algunas civilizaciones como las de los sumerios y los griegos, comenzaron a enterrarlos en pozos cavados con ese fin, dando origen al principio del tratamiento en vertederos (Epstein, 1997).

En la actualidad, los residuos forestales y agrícolo-ganaderos siguen siendo los más abundantes (Gies, 1997) y son utilizados mayormente en su lugar de origen, si bien algunos se producen en concentraciones tan altas (en feedlots, cría intensiva de aves de corral y de cerdos, residuos de lecherías), que requieren tratamientos especiales y distribución fuera de la región donde se producen. En ambientes urbanos, los residuos orgánicos representan entre 20 y 80% de los residuos generados (residuos sólidos urbanos o residuos domiciliarios), con los valores más bajos en los países de mayores ingresos, por ejemplo, el valor promedio para Europa es 25% (FEAD, 2009) y para EEUU 27% (USEPA, 2010). Un ejemplo del otro extremo es Colombo (Sri Lanka), que con 6,5 millones de habitantes presenta una proporción de 70-80% de residuos orgánicos (Halbach & Thomas, 2005). En Argentina, se considera que aprox. 50% de los residuos producidos son orgánicos (ENGIRSU, 2005). Estos residuos orgánicos son los que generalmente se consideran “húmedos” e incluyen restos de comida, césped y residuos de poda. Debe considerarse, sin embargo, que en los países de altos ingresos estos valores son “diluidos” por la alta proporción de papel y cartón provenientes especialmente del sector embalaje (“packaging”), que aunque también es orgánico se considera y recicla aparte, representando entre 29-35% del peso total de los residuos generados.

Además de los residuos sólidos urbanos o domiciliarios, otro residuo de origen urbano de producción más reciente son los lodos, barros o fangos cloacales, generados en la depuración de aguas residuales. Si bien la instalación de depuradoras ha implicado un avance fundamental a nivel ambiental, ha generado este nuevo residuo cuyo destino final no es considerado adecuadamente en muchos países en desarrollo. A partir de la instalación masiva de plantas depuradoras en los países desarrollados desde la década del 60, y especialmente desde la prohibición del volcado en los océanos (London Convention & Protocol, 1996), se intensificó el estudio de los mismos para uso beneficioso.

II. ¿QUÉ ES USO BENEFICIOSO?

En general se considera que residuo es todo aquello que no tiene valor para el generador, lo que implica que lo que constituye un residuo para alguien, puede no serlo para otro. Cuando un residuo puede ser reutilizado, se ha sugerido denominarlo subproducto, como un cambio de paradigma, ya que las connotaciones asociadas con los términos “residuo” o “basura” son siempre negativas (Cooperband, 2000).

Especialmente para el caso de los lodos cloacales, la USEPA (1999a) definió los términos disposición y uso beneficioso, que se han extendido a otros residuos orgánicos. Las formas de disposición más comunes son los rellenos sanitarios o vertederos, la incineración y la disposición superficial (“landfarming”), mientras que el uso beneficioso se refiere a “aplicarlos en el suelo para aprovechar los nutrientes y materia orgánica que contienen” e implica usos agronómicos y similares (forestal, restauración, paisajismo, producción de abonos y enmiendas). En este contexto, se define como biosólidos a los “lodos cloacales que pueden ser usados de manera beneficiosa, especialmente como una enmienda para el suelo”. Actualmente también existen interpretaciones más amplias de uso beneficioso que incluyen la producción de energía (NEBRA, 2007) e incluso el aprovechamiento de lodos contaminados en el cierre de vertederos. En las leyes europeas se promueve especialmente el uso de biosólidos y de residuos orgánicos domiciliarios, a través del compostaje y la producción de biogás (Düring & Gäth, 2002). 

III. ¿POR QUÉ USAR RESIDUOS ORGÁNICOS EN AGRICULTURA?

El concepto de “producción agrícola sustentable”, tan difundido en las últimas décadas, se basa en el mantenimiento de la capacidad productiva de los suelos, a través del aporte externo de materia orgánica y nutrientes, y de prácticas de manejo que disminuyan el riesgo de erosión hídrica y eólica. Los suelos están constituidos mayoritariamente por minerales2, que representan entre 80-98% de la masa total; sin embargo, el porcentaje restante, que como se aprecia puede ser muy bajo, es materia orgánica proveniente de organismos muertos (mayormente vegetación), que se descompone en el suelo especialmente por acción de microorganismos y forma esta fracción que se conoce como materia orgánica del suelo (MOS). Está constituida por compuestos orgánicos recientes y fácilmente degradables, y otros provenientes de descomposición parcial y neosíntesis, que cumplen diferentes funciones en el suelo:

  • Un rol cementante de las partículas minerales formando “agregados” que mejoran la “estructura del suelo”. Si un suelo es arenoso el agua no se retiene, circula demasiado rápido y las plantas no alcanzan a tomarlo; si es arcilloso el agua no circula, se acumula en superficie o es muy retenida. La MOS une a estas partículas en agregados que permiten una adecuada circulación del agua en los macroporos que quedan entre ellos, y retienen agua disponible para las plantas en micro y mesoporos dentro de ellos. Además, la MOS actúa como una esponja, siendo capaz de absorber su propio peso en agua. Por lo tanto, controla la dinámica del agua y reduce el riesgo de erosión (es más fácil que el viento o el agua muevan partículas sueltas de arcilla, arena o limo que un agregado de partículas unidas por MOS) y de compactación (mayor porosidad que facilita el crecimiento de las raíces).

  • Fuente de nutrientes: dado que su descomposición libera los nutrientes contenidos en el material original, especialmente nitrógeno, considerado el nutriente más limitante en la mayor parte de los ecosistemas terrestres, y fósforo, limitante en suelos ácidos, calcáreos o de origen volcánico (Schlesinger, 1991). 
  • Fuente de energía (carbono) para el mantenimiento de la actividad microbiana del suelo mediada especialmente por microorganismos heterótrofos. 
  • Filtro ambiental: ya que actúa desactivando contaminantes a través de reacciones de hidrólisis, complejación, ácido-base, óxido-reducción y actividad biológica.

Dado su origen, la MOS está concentrada en los horizontes superiores del suelo y por lo tanto, presenta un alto riesgo de pérdida por efecto de disturbios naturales y antrópicos, como erosión, fuego, sobrepastoreo, cambio de uso de la tierra, contaminación, construcción de caminos, etc. 

¿Qué sucede si se pierde MOS? Faltan nutrientes esenciales para las plantas, especialmente nitrógeno, disminuye la actividad biológica del suelo, aumenta la erosión y la contaminación de aguas. ¿Cuál es la principal consecuencia de la pérdida de MOS?
La degradación de los suelos, que incluye tanto pérdida de suelo como contaminación (entrada de sustancias contaminantes al suelo) y afecta a todo el planeta, y la desertificación, que es la degradación del suelo en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas como consecuencia del clima y de las actividades humanas. Según la FAO, la desertificación implica “la destrucción del potencial biológico de la tierra, la degradación de las condiciones de vida y la expansión de los desiertos”. Por ejemplo, en Argentina, donde el 75% del territorio es árido y semiárido, la degradación de los suelos, especialmente la desertificación, afecta 60 millones de hectáreas (de un total de 280 millones) y avanza a razón de 650.000 ha/año (Proyecto LADA, 2003).

Por lo tanto, el mantenimiento o aumento de la MOS es fundamental para mantener la productividad de los cultivos y la vegetación natural y para recuperar suelos degradados. Este efecto de mejorar el suelo, conocido como efecto enmienda, es el aspecto más importante del uso agrícola de los residuos orgánicos. La utilización de fertilizantes o abonos sólo actúa como aporte de nutrientes para las plantas a corto plazo, ya que tienden a lavarse fácilmente y no mejoran el contenido de la MOS, incluso pueden aumentar la descomposición de la misma (“priming effect); de alguna manera, los fertilizantes pueden equipararse con el efecto del suero en el organismo humano, mantienen las actividades vitales pero no sanan un cuerpo enfermo. El uso de residuos orgánicos en agricultura constituye, por lo tanto, una forma efectiva de mantener, mejorar o recuperar las propiedades físicas, químicas y biológicas del suelo por aporte de materia orgánica (efecto enmienda) y, dependiendo del origen y tratamiento de los mismos, también pueden actuar aportando nutrientes (efecto fertilizante)3.

Otro uso importante de los residuos orgánicos estabilizados es como sustrato o mezcla de sustratos en la producción en contenedores de especies hortícolas, ornamentales, etc., en reemplazo de turba y “tierra negra”. La turba es un recurso poco renovable actualmente bajo control dentro de la protección mundial de humedales, y la tierra negra tiene generalmente un origen dudoso, ya que muchas veces proviene del “robo” del horizonte superficial de suelos agrícolas y forestales (Laos et al., 2002; Ostos et al., 2008).

IV. ¿SE PUEDE USAR CUALQUIER TIPO DE RESIDUO ORGÁNICO EN AGRICULTURA? 

Si bien la utilización de residuos orgánicos en agricultura es una política promovida en los países desarrollados, por ejemplo, en EEUU y la Unión Europea, también se han establecido normas estrictas para evitar efectos contaminantes y nocivos para la salud humana. Los contaminantes y límites ya establecidos se mantienen en discusión permanente reduciendo algunos y reglamentando otros no incluidos en las legislaciones previas. Tanto la USEPA (1993) como la Unión Europea (Council Directive, 1986) establecieron originalmente los límites de contaminación para el uso de lodos cloacales en agricultura, porque era un residuo no tradicional que potencialmente podía presentar una amplia diversidad de contaminantes, y se basaron en ellos para la regulación posterior de otros residuos como los orgánicos domiciliarios y los estiércoles.

Considerando el caso de biosólidos, las regulaciones se han basado específicamente en cinco aspectos: metales pesados (elementos potencialmente tóxicos o PTEs), orgánicos traza (contaminantes orgánicos persistentes o POPs), patógenos, atracción de vectores y mineralización de N. La USEPA (1993) ha regulado 9 elementos pesados: Cd, Cu, Pb, Ni, Zn, Hg, Se, Mo y As. Las normas europeas, si bien regulan menos elementos (no incluyen Mo, As y Se), han sido más estrictas respecto a los límites establecidos. Mientras los europeos se han basado en “principios de precautoriedad”, los norteamericanos han utilizado “estimaciones de riesgo”, que han conducido aparentemente a valores demasiado permisivos (Brinton, 2000). Además de la concentración de elementos pesados, se regula la carga anual y la carga máxima admitida por hectárea y los europeos establecen diferentes límites en base al pH del suelo. Si bien las normas originales se basaron en analizar lodos cloacales, actualmente varios países europeos regulan la concentración de elementos pesados en residuos de cualquier origen (crudos o a posteriori de tratamientos de estabilización), pero mantienen separadas las regulaciones sobre lodos del resto de los residuos orgánicos (ver AbfKlärV, 1992; BioAbfV, 1998; AFNOR, 2002, 2005; BOE, 2005). 

En el caso de los contaminantes orgánicos, el primer país en establecer límites fue Alemania en lodos cloacales (AbfKlärV., 1992; Düring & Gäth, 2002), y se han propuesto límites en lodos y compost para las nuevas directivas de la Unión Europea, que desde hace varios años se mantienen como borradores (Gómez Palacios y Estrada de Luis, 2005). Generalmente los contaminantes más estudiados y regulados pertenecen al grupo de los PAHs (hidrocarburos policíclicos aromáticos), PCBs (bifenilos policlorados), dioxinas (dibenzo-dioxinas policlorinadas) y furanos (dibenzo-furanos policlorinados). En EEUU por ahora se recomienda, pero no se exige, el análisis de varios contaminantes dentro del grupo de las dioxinas, los furanos y los PCBs (USEPA, 1999b).

El concepto de reducción de patógenos fue desarrollado en un principio en EEUU (USEPA, 1993) y luego adoptado en Europa. Se basa en el “principio de mejor tecnología disponible” (Best Available Technology o BAT) e incluye exigencias de tratamiento y límites de patógenos, generalmente coliformes fecales, Escherichia coli y/o Salmonella. La regulación de la USEPA sobre reducción de patógenos fue desarrollada originalmente para lodos cloacales, pero se utiliza de hecho para todo tipo de residuos (Brinton, 2000). También se regula la atracción de vectores a través de la exigencia de diferentes tratamientos de estabilización del material (USEPA, 1993). En Europa, las normas sobre control de patógenos en productos originados en lodos cloacales y residuos domiciliarios, se han extendido actualmente a todos los abonos de origen animal, como estiércoles, purines, residuos de lecherías, etc. (ver como ejemplo, BOE, 2005).

Un último aspecto que generalmente ha sido recomendado en las normas, es la aplicación de los residuos de acuerdo a la capacidad de mineralización de N de los mismos y la necesidad de N de los cultivos, a fin de evitar exceso de nitratos y contaminación de acuíferos. Dado que en general los residuos, especialmente los estiércoles, presentan una relación N/P ( 3/1) más baja que la relación de absorción de los cultivos (6-10/1), las aplicaciones sucesivas han conducido a la acumulación y contaminación de suelos y aguas con P. Si bien éste es un nutriente esencial, muchas veces limitante y de difícil obtención (las minas de P se están agotando), el exceso de P en el suelo es la principal causa de contaminación difusa y de eutrofización de aguas superficiales y subsuperficiales (Sharpley et al., 2003). Por esta razón, actualmente también se recomienda (pero no se exige) tener en cuenta la capacidad de liberación de P de los residuos respecto al existente en el suelo y a la necesidad de los cultivos.

Por: Mazzarino, María Julia
Fuente: http://www.ambiente.gov.ar

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